Todos conocemos las historias de Tarzán o de El libro de la selva, y los hemos visto siempre como historias ficticias, pero hay historias reales de niños que han pasado por situaciones parecidas, criándose con animales.

Las siguientes imágenes que les mostraremos a continuación forman parte de un proyecto fotográfico de la alemana Julia Fullerton-Batten, llamado Niños silvestres.

Abandonados o descuidados por sus padres estos niños fueron criados por animales, y se comportaban de la misma manera feroz y salvaje que su familia adoptiva.

Niña lobo, México 1845

Fue vista por primera vez cuando corría con su manada detrás de un rebaño de ovejas, a las cuales dieron caza y se alimentaron de ellas. Fue vista por segunda vez en 1852.

Oxana Malaya, Ucrania 1991

Sus padres eran drogadictos, y la abandonaron con tan solo 2 años, en una noche fría. La niña buscó refugio junto a unos perros, y allí vivió hasta que 6 años después la policía la encontró, pero ya había pasado tiempo suficiente como para que la niña caminara a cuatro patas y ladrara.

Marina Chapman, Colombia 1959

Fue secuestrada a la corta edad de 5 años, y sus captores la abandonaron en la selva. Su familia adoptiva fueron unos monos capuchinos de los que aprendió a trepar y desenvolverse en la selva para sobrevivir, en pocos años olvido su lenguaje y se comportaba por completo como un simio, cuando unos cazadores la encontraron, pero aprovechándose de su vulnerabilidad la vendieron a un prostíbulo, del que más tarde fue rescatada por un periodista. Ahora está casada y tiene hijas, y una de ellas le ayudó a escribir su autobiografía The Girl with No Name.

Niño Gallina, Fiyi 1978

Desde que nació sus padres notaron que tenía problemas mentales, por lo que decidieron meterlo en el gallinero para que viviera allí sin avergonzarles. Años más tarde su madre se suicidó y su padre fue asesinado, por lo que quedo a cargo de su abuelo, el que decidió mantenerlo en el gallinero. Un día logró escaparse y llegó hasta una carretera, donde unos viajeros lo encontraron corriendo de una forma muy extraña e imitando el sonido de las gallinas. Su agresividad era tan grande que tuvo que pasar varios años atado en una cama, ahora por suerte se está recuperando.